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Mi práctica

Mientras camino hacia Soham Yoga me leo “País en Llamas” de Leila Al-Shami i Yassin Kasab, el relato de dos personas de una Siria devastada y luchadora, triste y revolucionaria, violenta y pacífica, sangrienta y digna. Mientras las hermanas de una parte del mundo viven sometidas a ignominiosas torturas, que leemos relatadas en generosos testimonios de otras personas, en su escabrosa mayoría hombres. Las hermanas de la otra parte del mundo vivimos la psicopatía disociada de una vida de exceso y sin sentido, de un pacto de muerte con la humanidad y la naturaleza, con la cruda realidad de ser cómplices del sufrimiento y la inacción.

 

Mientras todo esto sucede voy a practicar. Y empiezo cada lucha y logro por llegar a la sala i por esa respiración que fluida y conectada me hace ir más allá en mi práctica, en mi descubrimiento y estar más aquí en mi mente y presencia. Para mi la práctica es esto, es ser consciente de dónde estoy, estar dispuesta a mirarme tal cual, desgarrantemente sincera para des de esa verdad, moverme hacia donde quiero ir. Una vez mi querida maestra me dijo, no puedes hacer como si hubieras venido cada día, hace dos semanas que haces una práctica intermitente y eso lo notas en el cuerpo. La honestidad de esta práctica, la responsabilidad, alejada de juicio, lo poco que conozco de ella, no puedo separarla de la honestidad vital, no necesitamos más palmaditas en la espalda y en cambio, urgen las miradas claras y sinceras.

 

Para ser en la esterilla necesito ser fuera, ser la ropa que llevo puesta, ser el banco dónde dejo mi dinero, las actividades que hago, de qué y para quién trabajo. Esos movimientos en la esterilla, una y otra vez reforzándome, enseñándome en la repetición para ver más claro y más profundo cada día un poco más allá. Una capa más de descubrimiento, en busca de ese equilibrio entre las partes que más uso de mi cuerpo y las que menos, dando más espacio a nuevos lugares, nuevos movimientos, cambiando, o más que cambiando transformando. Esta habilidad para persistir y estar dispuesta a cambiar cosas, a probar nuevas maneras, como pruebo nuevos músculos. Esta habilidad de imaginar y encontrar con el cuerpo otros movimientos distintos a los que llevo 30 años haciendo, no puede quedar solo en la esterilla y la capacidad para sostener los dolores del cambio físico y las ansiedades de las posturas, tampoco puede quedar solo en la esterilla. También la realidad que me rodea necesita que imagine otros mundos aunque haga mucho que hace los mismos movimientos, también este mundo necesita que sostengamos el dolor de las lesiones, de las infinitas heridas que llevamos, para sanarlas. También nos necesita dispuestas a ver y mirar detenidamente para transformar. Las practicantes tenemos que practicar fuera de la esterilla, estamos demasiado dispuestas al cambio y al descubrimiento para no practicarlo a fuera también. El goce de sentir un cuerpo más presente tiene que ser también el de sentir un mundo más presente y estable, más en equilibrio o por lo menos practiquemos, imaginemos, respiremos, suframos, superemos, suspiremos, gritemos, enfadémonos y alegrémonos como hacemos en la esterilla.

 

Gracias hermanas de esta parte del mundo por compartir conmigo la práctica i gracias Tábata por tu amorosa honestidad.

 

Júlia Ramos Barrufet – Alumna de Soham Yoga (Barcelona/Gracia)

 

 

 

 

Carrer de l'Alzina, 5

Barcelona 08024

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