Ashtanga yoga en Barcelona: la sala Mysore y cómo empezar
El ashtanga es el estilo que peor encaja en el horario de una sala normal, y por eso en Barcelona se practica casi siempre en sitios que hacen solo eso. Entender el formato explica el resto.
El ashtanga es el estilo de yoga que peor se adapta al formato estándar de una sala: una clase de una hora, con horario fijo, en la que un profesor dirige a veinte personas que hacen lo mismo a la vez. El método está construido justo al revés –cada alumno recorre una secuencia fija a su propio ritmo, y el profesor va uno por uno– y eso obliga a una organización distinta. En Barcelona esa organización existe, con la particularidad de que se concentra en pocas salas y casi toda ella ocurre antes de las diez de la mañana.
Qué es una sala Mysore y por qué importa la diferencia
La palabra Mysore no describe un estilo sino un formato. En una clase dirigida el profesor canta el conteo y toda la sala avanza a la vez; en una sala Mysore cada persona practica la parte de la primera serie que tiene aprendida, en silencio, y el profesor circula corrigiendo y añadiendo posturas cuando toca.
Visto desde la puerta el resultado desconcierta: quince personas haciendo quince cosas distintas y nadie hablando. Visto desde dentro es lo contrario de caótico, porque cada uno sabe exactamente qué viene después y no tiene que esperar a nadie.
La consecuencia para quien empieza es la que menos se espera: la sala Mysore es más accesible que la clase dirigida, no menos. En una dirigida el principiante va persiguiendo un ritmo que no es el suyo durante hora y media. En una Mysore practica veinte minutos de saludos y posturas de pie, se le corrige de cerca, y se va. El resto de la sala ni se entera.
El horario es el filtro real
En una franja Mysore no hay hora de comienzo, hay ventana: la sala está abierta durante dos o tres horas y cada uno entra cuando puede, siempre que le dé tiempo a terminar. Esa ventana está casi siempre por la mañana temprano, y ese es el motivo por el que mucha gente que quiere hacer ashtanga acaba no haciéndolo.
La geografía tampoco ayuda: en los barrios de salas pequeñas, como Gràcia, el formato apenas existe, porque un local que además acoge talleres y terapias no puede reservar tres horas de mañana cinco días por semana.
Conviene decidirlo con honestidad antes de pagar nada. Un horario de siete de la mañana no se sostiene por fuerza de voluntad, se sostiene cambiando la hora de acostarse. Quien no vaya a hacer ese cambio tiene dos alternativas razonables: buscar las clases dirigidas de tarde, que existen y funcionan, o elegir un estilo cuyo horario encaje –el vinyasa cubre buena parte del mismo terreno físico y se programa a todas horas.
Qué esperar de las primeras semanas
La secuencia es fija, y esa es toda la dificultad y toda la ventaja. La dificultad: se repite lo mismo cada día, y la cabeza protesta antes que el cuerpo. La ventaja: al no haber que decidir ni memorizar nada nuevo cada clase, la atención se va a lo único que queda, que es la respiración.
El progreso funciona por acumulación lenta. El profesor añade una postura cuando la anterior deja de ser un problema, y ese criterio no se negocia ni se acelera pagando más. Es el punto donde más gente abandona y también el que explica por qué quien aguanta el primer año suele seguir muchos más: el método deja de medirse en clases y pasa a medirse en años.
Sobre el temor más repetido –que el ashtanga lesiona– la respuesta honesta es que el método no lesiona y la prisa sí. Las lesiones típicas aparecen en isquiotibiales, hombro y zona lumbar, y casi siempre en gente que forzó una postura para pasar a la siguiente. Una sala donde el profesor frena a los alumnos es una buena sala, aunque en el momento resulte frustrante.
Cómo se elige sala de ashtanga
Los criterios generales de la guía sobre cómo elegir un centro valen aquí, con dos añadidos propios del método.
El primero es la proporción entre alumnos y profesor en la franja concreta a la que se va a ir. En Mysore el profesor tiene que llegar a todo el mundo, y una sala llena con una sola persona corrigiendo significa que a algunos no los ve ese día.
El segundo es si hay clase dirigida semanal. La mayoría de las salas serias programan una a la semana, normalmente en viernes, y sirve para ajustar el conteo y la respiración que en la práctica autónoma se van desalineando poco a poco. Una sala que solo ofrece Mysore, sin dirigida, deja fuera una parte del método.
El resto –la ciudad, el barrio, el precio– se ordena en la guía general de yoga en Barcelona. Para el ashtanga, sin embargo, la distancia importa menos de lo habitual: se va cinco días por semana a primera hora, y a esa hora media ciudad está a quince minutos.
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Preguntas frecuentes sobre el método
¿Se puede entrar en una sala Mysore sin haber hecho ashtanga nunca?
Sí, y es la vía normal de entrada. El primer día no se practica la serie entera: el profesor enseña los saludos y las tres o cuatro posturas de pie con las que se cierra, y esa es la práctica completa durante las primeras semanas. Dura veinte minutos y se alarga a medida que la secuencia se memoriza.
¿Por qué las clases de ashtanga empiezan tan temprano?
Por herencia del método y por logística. La tradición sitúa la práctica antes del desayuno y antes de la jornada, y en una sala Mysore el horario es una ventana amplia –no una hora de inicio– porque cada alumno entra cuando puede y practica a su ritmo. Eso solo cabe en la franja de la mañana.
¿Cuánto se tarda en aprenderse la primera serie de memoria?
Entre varios meses y un par de años, según la frecuencia. No es un plazo que se pueda acelerar: el profesor añade postura nueva cuando la anterior es estable, y ese criterio es individual. Practicar cuatro o cinco mañanas por semana es lo que marca la diferencia, no la intensidad de cada sesión.
¿Hay clases de ashtanga por la tarde en Barcelona?
Hay clases dirigidas por la tarde en varias salas, y son una entrada perfectamente válida al estilo. Lo que casi no existe por la tarde es la sala Mysore, porque el formato requiere una franja larga con el profesor disponible y eso, en la práctica, significa la mañana.
¿Qué se lleva a una sala Mysore el primer día?
Ropa que no resbale, una toalla pequeña y agua. La esterilla propia es recomendable desde el principio porque en ashtanga se suda y se comparte poco, aunque casi todas las salas prestan una las primeras veces. No hace falta nada más.
¿Es compatible el ashtanga con hacer también vinyasa o yin?
Con yin sí, y de hecho se complementan bien: el ashtanga es fuerza y repetición, el yin trabaja lo que el ashtanga acorta. Con vinyasa es compatible pero redundante, porque el estímulo es parecido; quien hace las dos cosas suele acabar reduciendo una.